Malvinas: Una causa para volver a encontrarnos

Hay causas que no deberían pertenecerle a ningún gobierno, a ningún partido ni a ninguna elección. Malvinas es una de ellas. 
Es una causa nacional, profundamente arraigada en el sentir de los argentinos y sostenida por nuestra Constitución y quienes vivimos de cerca aquellos días de 1982 sabemos que detrás de esa palabra hay mucho más que una discusión diplomática: hay nombres, familias, jóvenes que volvieron y jóvenes que quedaron para siempre en nuestras islas.
Por eso creo que debemos ser muy cuidadosos cuando hablamos de Malvinas. 
La soberanía argentina sobre las islas no está en discusión; lo que podemos y debemos discutir es cómo recuperarla y allí es donde tenemos que aprender de nuestra historia. 
La guerra fue una tragedia y una decisión irresponsable de una dictadura que mandó a jóvenes a combatir en condiciones que no estaban preparados para afrontar, pero condenar aquella decisión no significa renunciar al reclamo soberano, al contrario: significa asumirlo con mayor responsabilidad y con una estrategia que nos permita avanzar.
En ese sentido, considero que todo presidente debe tener siempre en agenda nacional a Malvinas, defendiendo los intereses argentinos sobre nuestros recursos naturales. 
El mundo cambió y está cambiando rápidamente, se discuten petróleo, gas, agua, alimentos, energía y rutas estratégicas y las grandes potencias defienden sus intereses y sus recursos con una visión de largo plazo. 
La Argentina también tiene que hacerlo, pero una causa tan sensible no puede convertirse en una herramienta de posicionamiento político, ni del oficialismo ni de la oposición.
Tampoco podemos caer en el oportunismo de utilizar Malvinas para atacar al adversario de turno. Quienes estuvimos bajo bandera en aquellos años sabemos que hay cosas que están por encima de cualquier diferencia política; no podemos permitir que la memoria y esfuerzo de nuestros soldados y héroes vuelva a quedar atrapada en la grieta.Las Malvinas son argentinas cuando gobierna un presidente que pensa distinto y también cuando gobierna alguien con quien coincidimos. La soberanía no cambia con el resultado de una elección.
La Argentina tiene, además, una oportunidad para construir una estrategia diferente. Si el escenario internacional ofrece nuevas posibilidades, debemos aprovecharlas. 
Si existen otros países dispuestos a escuchar nuestro reclamo, debemos fortalecer esos vínculos y si podemos utilizar nuestra relación comercial, nuestra diplomacia y nuestros recursos naturales para incrementar nuestra capacidad de negociación, tenemos que hacerlo; la soberanía también se construye generando poder económico, desarrollo y bienestar para los argentinos.
Porque patriotismo no es solamente recordar a nuestros muertos o levantar una bandera, patriotismo es también lograr que nuestros hijos tengan un futuro, que nuestros recursos naturales generen trabajo, que nuestra producción tenga mercados, que nuestra economía sea fuerte y que la Argentina tenga capacidad para defender sus intereses frente a cualquier potencia.
Por eso, frente a Malvinas, no deberíamos preguntarnos quién tiene el mejor discurso ni quién puede sacar mayor rédito político, deberíamos preguntarnos qué podemos hacer juntos por una causa que nos pertenece a todos
Después de tantos años de desencuentros, Malvinas puede ser una oportunidad para volver a encontrarnos, para recordar sin utilizar, para reclamar sin improvisar, para negociar sin renunciar; para defender nuestra soberanía sin volver a poner en riesgo la vida de nuestros jóvenes.
Malvinas nos tiene que unir y  quizás esa sea una de las mejores formas de honrar a quienes dejaron su vida por la Argentina: construir, entre todos, un país más fuerte, más justo y más respetado, capaz de defender sus intereses y de mirar al futuro sin renunciar jamás a sus convicciones.
Fuente: Prensa Víctor Zimmermann

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